CIRURGÍA PARA CORRECCIÓN DE RONCOPATIA O APNEAS

Los disturbios respiratorios durante el sueño del adulto constituyen un tema controvertido y en constante evolución.

Existen algunos conceptos más comunes que conviene definir: roncopatía simple (roncar), apneas obstructivas (paradas respiratorias por ausencia de flujo de aire) y disturbios del sueño no respiratorios.

Las principales quejas de estos pacientes son: roncar, exceso de sueño durante el día, cansancio, dolores de cabeza matinales, déficit de memoria y concentración, irritabilidad y problemas sociales/conyugales relacionados con los ronquidos.

Como el sueño implica diferentes áreas en la medicina, este tema debe englobar un enfoque multidisciplinario, en el que las especialidades de Otorrinolaringología, Neurofisiología, Neumología, Psiquiatría, Cirugía Maxilofacial, Medicina Dentaria y Nutrición deben trabajar en conjunto.

En lo que se refiere al papel del médico ORL en el tratamiento de este tipo de patología, es de veras importante, aunque, a veces, menospreciado por otras especialidades médicas. En realidad, el médico ORL, a través de su examen objetivo, tiene la capacidad de evaluar anatómica y fisiológicamente todo el tracto respiratorio alto (Nariz, Nasofaringe, Orofaringe y Boca, Laringe e Hipofaringe).

Una vez que la anatomía y la fisiología son variables en cada ser humano, no existen soluciones universales para cada paciente. De esta forma, los exámenes complementarios de diagnóstico tienen un papel fundamental: Polisomnografía, Test de Latencias Múltiples, TAC de la Nariz y de la Faringe, y Videoendoscopia por sueño inducido (DISE: Drug induced Sleep Endoscopy).

Después de un análisis minucioso de todos estos elementos, el tratamiento puede consistir sólo en medidas higiénicas y dietéticas (por ejemplo: pérdida de peso), en el uso de ventiloterapia domiciliaria (CPAP: Continuous Positive Arway Pressure), por el uso de dispositivos orales de avance mandibular o por tratamientos quirúrgicos.

Los tratamientos quirúrgicos pueden englobar cirugía nasosinusal, faríngea, laríngea o incluso la colocación de implante/estimulador del nervio hipogloso.

Cada tratamiento es individualizado e implica, obligatoriamente, una evaluación por el médico Otorrinolaringólogo.